🔬 La gravedad artificial podría ayudar a proteger a los astronautas durante viajes largos. Torin Clark, de la Universidad de Colorado Boulder, y Ana Diaz Artiles, de Texas A&M, explican tres vías posibles. El reto es financiar los equipos y saber cuánta gravedad necesita el cuerpo.
Un gran anillo giratorio permitiría vivir y trabajar bajo fuerzas similares a la gravedad terrestre, pero exigiría varios lanzamientos y ensamblaje espacial. Una opción más viable por costo e ingeniería sería una centrífuga de radio corto, de entre 1,8 y 3 metros. El astronauta entraría para sesiones diarias, con la cabeza cerca del centro y los pies hacia fuera.
La tercera vía consiste en acelerar la nave para que los pies del astronauta queden empujados contra el suelo. Para frenar, la nave giraría y usaría sus motores en sentido opuesto. El obstáculo, señala Diaz Artiles, es disponer de un motor capaz de mantener ese empuje durante todo el trayecto.
Las centrífugas pequeñas también tienen inconvenientes: mover la cabeza mientras giran puede producir una sensación de vuelco y mareo. El equipo de Clark encontró que aumentar el giro poco a poco, durante varios días, permite desarrollar tolerancia. En otros estudios, voluntarios permanecieron acostados con la cabeza inclinada hacia abajo para simular el deterioro físico asociado al vuelo espacial. Las sesiones diarias de 30 minutos en una centrífuga evitaron parte de la pérdida de función muscular.
✅ La gravedad artificial podría ayudar frente al deterioro de huesos y músculos que acompaña a las estancias largas en microgravedad. Pero aún falta saber qué intensidad y cuánto tiempo de uso aportarían beneficios. Los resultados en personas acostadas no resuelven cuánto protegería a los astronautas durante un viaje espacial.
⚕️ No es consejo médico.



