🔬 Un equipo de la Eberly College of Science calculó que los agujeros negros primordiales —los nacidos del Big Bang— podrían vivir mucho más de lo estimado. Al evaporarse hasta la masa de Planck (unos 20 microgramos, lo que pesa una pestaña), no desaparecerían: se transformarían en algo con las propiedades de un agujero blanco.
Los agujeros negros primordiales se habrían formado por fluctuaciones en la materia densísima y caliente de los primeros instantes del universo, no por el colapso de estrellas masivas como los agujeros negros «astrofísicos» que conocemos. Nadie los ha detectado todavía; siguen siendo hipotéticos y se estudian como candidatos a materia oscura.
La clave es la radiación de Hawking, propuesta por Stephen Hawking en los años setenta: todo agujero negro «fuga» radiación térmica. Cuanto menor es su masa, más caliente está y más rápido se evapora, en un final que se especula explosivo. El enigma: qué ocurre al llegar a la masa de Planck, unos 20 microgramos.
El equipo de Daniel Paraizo hizo los cálculos. Un agujero negro primordial con la masa de un asteroide mediano —unos mil millones de toneladas— tarda cerca de mil millones de años en evaporarse hasta ese umbral. Hasta aquí, nada nuevo. Lo distinto viene después: argumentos previos decían que esos 20 microgramos restantes se irradian en al menos un segundo; sus cálculos sugieren que son casi estables. En ese punto, el objeto empezaría a emitir radiación con el comportamiento típico de un agujero blanco: la imagen invertida de un agujero negro, que en vez de tragar materia la expulsa sin cesar.
✅ Si se confirma, cambiaría cuánto pueden durar estos objetos y reforzaría su papel como candidatos a materia oscura. Pero los límites son grandes: es un preprint (pendiente de revisión por pares), nunca se ha observado un agujero negro primordial, y describir qué pasa cerca de un agujero blanco exigiría una teoría de gravedad cuántica que todavía no existe.



