🔬 Mercurio lleva 4 500 millones de años arrugándose, y más de lo calculado. Un equipo dirigido por Gaku Nishiyama, del Instituto de Investigación Espacial del DLR, estima que el planeta se ha encogido entre un 10 % y un 30 % más de lo que indicaban las cuentas previas: hasta 23 kilómetros de diámetro perdidos, frente a los 4–16 aceptados hasta ahora.
Como todos los planetas rocosos, Mercurio se formó hace 4 500 millones de años entre choques de rocas y asteroides. Aquellos impactos generaron calor, y el planeta lleva perdiéndolo desde entonces. Al enfriarse por dentro se encoge, y la capa rocosa exterior responde plegándose: aparecen escarpes y crestas, arrugas geológicas que deberían salpicar todo el globo.
Pero no salpican todo el globo. El equipo cruzó mapas geológicos anteriores con nuevas medidas de la rugosidad de la superficie completa y encontró algo raro: el terreno más rugoso es justo el que menos arrugas muestra. «Nos hizo pensar que hay un proceso que oculta las estructuras de acortamiento», dice Nishiyama. El sospechoso son los escombros que los impactos han esparcido durante miles de millones de años, y que sepultan las arrugas.
Para calcular lo que falta, el equipo se apoyó en los escarpes de las zonas menos cubiertas por escombros. De ahí sale ese 10–30 % adicional de encogimiento. «El 30 % sorprende un poco, pero la cifra corregida me cuadra», añade Nishiyama. Cuánto se ha encogido el planeta importa porque apunta a lo que esconde dentro: «Más encogimiento significa que Mercurio podría tener un núcleo metálico mayor, menos elementos ligeros como el silicio mezclados en ese núcleo, o una temperatura inicial más alta».
✅ La cifra aún podría quedarse corta. El análisis parte de datos de MESSENGER, la sonda de la NASA que terminó su misión en 2015 y solo distinguía detalles mayores de 5 kilómetros. En noviembre de 2026, BepiColombo empezará a escanear el terreno con mucha más resolución y podría sacar a la luz arrugas que hoy nadie ve. Mientras tanto, el rango es amplio y descansa en un ajuste estadístico, no en un recuento directo de las estructuras que faltan. El trabajo se publicó en Geophysical Research Letters.



