🔬 Investigadores de la Universidad de Warwick hallaron pequeños fragmentos de basura espacial de solo 5 centímetros en la órbita geoestacionaria, a 36 000 kilómetros de altura. El estudio detectó 25 rastros de restos que antes pasaron inadvertidos; el 80 % venía de objetos desconocidos.
La órbita geoestacionaria es valiosa porque los satélites giran al ritmo de la Tierra y parecen quedar fijos sobre un punto del ecuador. Por eso sirve para TV, internet, observación terrestre y monitoreo del clima. Allí operan satélites grandes, caros y pensados para misiones largas, con paneles solares que pueden medir 30 metros o más.
El equipo revisó datos de una campaña previa con el Telescopio Isaac Newton, en La Palma, y aplicó nuevos algoritmos de procesado de imagen. La técnica, llamada blind stacking, prueba muchas rutas posibles en una secuencia de imágenes y las apila para que objetos débiles sobresalgan del ruido.
El riesgo es distinto al de órbitas más bajas. A 36 000 kilómetros casi no hay atmósfera residual, así que los fragmentos no caen para quemarse. Según James Blake, coautor del estudio, los restos pueden permanecer allí sin plazo definido. Además, piezas pequeñas pueden moverse a varios kilómetros por segundo y dañar satélites muy costosos.
✅ Este hallazgo sugiere que lanzar satélites a GEO sin un estudio adecuado de restos puede ser más arriesgado de lo que parecía. El límite: el trabajo reanalizó un conjunto de imágenes y detectó 25 rastros, no todo el inventario real de la zona. Los investigadores ahora buscan revisar imágenes de otros telescopios para medir mejor la escala del problema.



