🔬 El equipo de Kritti Sharma (Caltech) usó unos 100 estallidos rápidos de radio (FRB) para medir cómo se reparte la materia entre galaxias. Según el trabajo, publicado el 8 de septiembre en Nature Astronomy, es la primera vez que estos destellos miden el efecto del «feedback» galáctico sobre los grumos de materia del espacio intergaláctico.
Los FRB son ráfagas breves e intensas de ondas de radio. Hoy se atribuyen a magnetares: estrellas muertas que giran muy rápido y cargan con los campos magnéticos más fuertes del universo. Cada ráfaga viaja miles de millones de años luz y atraviesa nubes densas de gas y polvo. Esa «niebla cósmica» altera la señal original, así que el destello llega con la huella de la materia que encontró por el camino.
La materia ordinaria —átomos, estrellas, planetas, tu cuerpo— apenas suma el 5 % del presupuesto de materia y energía del cosmos. El resto se reparte entre energía oscura (68 %) y materia oscura (27 %). Trazar cómo se agrupa ese 5 % visible ayuda a rastrear la materia oscura, el empuje de la energía oscura y la masa de los neutrinos, esas partículas fantasma de las que unos 100 billones cruzan tu cuerpo cada segundo sin dejar rastro.
Hay un estorbo. Los agujeros negros supermasivos que se alimentan en el corazón de las galaxias expulsan energía y adelgazan el gas de alrededor. Ese «feedback» difumina los grumos de un modo casi idéntico al que predicen los neutrinos masivos o los modelos de materia y energía oscura. «Si no se mide aparte esa contribución, no se pueden separar los efectos», advierte Vikram Ravi, profesor de astronomía en Caltech. Con los FRB, el equipo halló que el feedback sí alisa la materia, aunque con menos fuerza de lo medido hasta ahora.
✅ Los FRB se perfilan como sonda de cómo se reparte la materia y podrían afinar los experimentos que persiguen la energía oscura o la masa de los neutrinos. El límite salta a la vista: la muestra son unos 100 destellos, pocos para dar el asunto por cerrado, y falta confirmar el resultado con más datos. En 2029, el Deep Synoptic Array de Caltech, en Nevada, espera cazar decenas de miles. «Esto es solo el principio», dice Elisabeth Krause, de la Universidad de Arizona.



