Docentes consultados por Nature describen cómo llevan sus clases al aire libre y qué obstáculos encuentran. Pedro Maria Abreu Ferreira, de la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul, considera esta práctica esencial para enseñar ecología. Sus experiencias muestran cuánto pesan el clima, el transporte y los insectos.
Ferreira enseña en Brasil, tanto en su universidad como en el centro de investigación y conservación Pró-Mata. Para él, salir permite mostrar a los estudiantes aquello que estudian y ofrecerles una experiencia más completa. Pero sus excursiones han sufrido averías del autobús y episodios de frío intenso. Una visita a un manglar quedó cancelada: había tantos mosquitos y tábanos que resultaba imposible enseñar, pese al repelente y la ropa protectora.
Los materiales también necesitan prepararse para el exterior. Lisa Bonner, química del Eckerd College, en Florida, comenzó a impartir clases fuera en septiembre de 2020. Usaba mesas de pícnic bajo un toldo y un cartel de la tabla periódica. La humedad mojaba las pizarras al sacarlas de edificios con aire acondicionado y las dejaba inservibles. Su solución era llevarlas fuera una hora antes para que se adaptaran a la temperatura.
✅ Estas experiencias ofrecen ejemplos concretos de qué prever antes de trasladar una clase al exterior. El alcance de los datos sigue siendo limitado: Janne Fengler, de la Universidad de Luxemburgo, señala que la enseñanza universitaria al aire libre está menos estudiada que la escolar. Su equipo prepara un análisis sistemático sobre este tipo de enseñanza.



