El auge de la inteligencia artificial está llevando a empresas tecnológicas a contratar filósofos y a buscar señales de conciencia en chatbots. Pero investigadores advierten que aún no hay acuerdo sobre cómo surge la conciencia humana, por lo que decidir si un sistema de IA es sintiente resulta muy difícil.
Este mes, Anthropic publicó un estudio sin revisión por pares sobre su modelo Claude. Al medir patrones de procesamiento, el equipo halló palabras sobre las que Claude «pensó» al resolver una petición, aunque no aparecieran en su respuesta. Comparó esa actividad con el «espacio de trabajo global» del cerebro.
Esa teoría propone que la información entra en la conciencia humana cuando se difunde por el cerebro. Sin embargo, los autores no afirman que Claude tenga experiencia subjetiva. Tim Bayne, filósofo de la Universidad Monash, señala que no hay consenso sobre la existencia de ese espacio en humanos y que la teoría no lo define de forma precisa.
Para Anil Seth, de la Universidad de Sussex, el interés por la IA puede desplazar la neurociencia y la filosofía sobre cerebros reales. Otros investigadores ven una oportunidad: más atención y financiación para un campo que durante años no se tomó en serio como ciencia.
✅ El debate puede exponer los vacíos de las teorías sobre conciencia humana y ayudar a corregirlos. El límite es central: el estudio de Anthropic es un preprint y parte de una teoría que los especialistas aún discuten; sus resultados no permiten concluir que Claude sea consciente.



