🔬 El calor nocturno no solo dificulta dormir: durante 2020–25, un análisis de más de 1 300 ciudades estimó casi 56 horas de sueño perdidas por persona cada año. Estudios en Asia también asocian las noches de calor intenso con más muertes y admisiones hospitalarias, aunque faltan mediciones que expliquen bien el vínculo.
En mayo, Delhi registró una mínima nocturna de 32,4 °C. Francia alcanzó un récord de 22 °C durante la noche y el este de Sajonia, Alemania, llegó a 29,4 °C. En una encuesta británica, dos tercios de las personas dijeron que les costó dormir durante la ola de calor de junio; casi la mitad perdió al menos tres horas de sueño cada noche.
El problema no es solo la temperatura exterior. Al prepararse para dormir, el cuerpo baja su temperatura interna y lleva calor hacia la piel. Una habitación calurosa y húmeda dificulta ese enfriamiento. Dormir también limita acciones como beber agua, abrir ventanas, usar ventiladores o buscar un lugar más fresco.
En 28 ciudades de Asia oriental, las olas intensas de calor nocturno se asociaron con un aumento del 3 % en las muertes, sin contar lesiones ni causas externas. En Hong Kong, noches largas de unos 30 °C durante 12 horas se vincularon a un 3,1 % más de ingresos hospitalarios de urgencia; el alza llegó al 5,3 % entre personas mayores y con menos recursos.
Los autores proponen medir las condiciones del dormitorio junto con el sueño, la temperatura de la piel, la frecuencia cardiaca, la presión arterial matinal, la fatiga y la atención. Sensores y dispositivos de muñeca ya permiten reunir parte de esos datos.
✅ Las alertas y las medidas para viviendas deberían preguntar si la noche permite enfriarse, dormir y recuperarse, no solo cuánto marcó el termómetro. El límite es claro: aún no se ha cuantificado por completo cómo se conectan el calor, el sueño interrumpido y el daño posterior. Las asociaciones observadas no prueban por sí solas que el calor cause cada muerte o ingreso.
⚕️ No es consejo médico.



