🔬 Un equipo simuló 60 años de fertilización con hierro en diez biomas oceánicos, con un modelo biogeoquímico que incorpora biodiversidad marina. Publicado en Nature, el trabajo encuentra que el Océano Austral y el Pacífico ecuatorial capturan carbono con eficiencia parecida, pero el coste ecológico de cada uno difiere mucho. Dónde se fertiliza importa tanto como cuánto.
Añadir hierro al mar figura entre las estrategias que se discuten para retirar CO₂ de la atmósfera. El modelo muestra que las dos zonas más eficientes llegan al mismo sitio por caminos opuestos. En el Océano Austral el carbono se exporta lejos del punto fertilizado. En el Pacífico ecuatorial la exportación ocurre allí mismo y luego se pierde corriente abajo: las floraciones agotan los macronutrientes del agua de origen y frenan la productividad más allá.
Ese detalle tiene consecuencias. Fertilizar el Pacífico ecuatorial recorta el flujo de energía hacia los niveles tróficos superiores, ensancha las zonas de mínimo oxígeno y reduce la biomasa de macrozooplancton. Los autores apuntan a que llevar el despliegue a latitudes más altas evitaría buena parte de ese daño. Cuando la fertilización se detiene, el Océano Austral se recupera; el Pacífico ecuatorial sigue alterado, porque retiene el hierro en la región.
Del balance salen tres grupos: el Océano Austral (más eficiencia, menos riesgo); el Pacífico ecuatorial y la fertilización global (más eficiencia, más riesgo); y las zonas subtropicales (menos eficiencia, riesgo intermedio).
✅ Seis décadas de fertilización rinden un CDR neto de 1,1–5,3 ppm, y más de la mitad vuelve a la atmósfera en las décadas siguientes. Es una ganancia modesta para un método con huella ecológica desigual. Además, el desajuste entre una intervención local y su efecto global complica emitir créditos de carbono fiables y abre preguntas de equidad y gobernanza. El límite principal: todo procede de un modelo, no de mediciones en el mar, y los efectos reales podrían diferir.



