🔬 En Cambridge Bay, Nunavut, un equipo probó por primera vez en campo científico una idea simple: bombear agua de mar sobre hielo marino invernal para que se congele encima. Las zonas tratadas crecieron hasta 32 cm más que los controles y reflejaron más luz, pero escalar el método sigue siendo la gran duda.
El ensayo se hizo durante el invierno de 2024 a 2025 con ocho áreas de prueba y tres sitios de control. Los investigadores inundaron las zonas de prueba una o dos veces con hasta 20 cm de agua de mar usando bombas sumergibles que consumen menos energía que una tostadora. Los controles no recibieron agua.
Según los resultados publicados el 22 de mayo en Earth’s Future, las áreas tratadas crecieron hasta 32 cm más que los controles al final del invierno. Las zonas inundadas dos veces engrosaron más que las inundadas una vez. De finales de mayo a septiembre, el hielo tratado se vio más brillante, se derritió más lento y siguió más grueso que el hielo de control. Un ensayo aparte de drenaje de charcos de deshielo también dejó hielo más brillante.
La idea física es directa: el agua empapa la nieve sobre el hielo; esa mezcla se congela como una nueva capa. Al haber menos aislamiento de nieve, el frío del aire también acelera el crecimiento natural desde abajo. Los autores dicen que, si algo similar funcionara a gran escala, un Ártico más reflectante podría ayudar al enfriamiento regional.
✅ El resultado sugiere que engrosar hielo marino puede funcionar en áreas pequeñas y con equipo simple. El límite es enorme: un estudio de 2016 calculó que harían falta 10 millones de bombas eólicas para cubrir solo el 10 % del océano Ártico, y 100 millones para cubrirlo entero. También faltan datos sobre impactos ecológicos y sociales, gobernanza, costos y mantenimiento.



