Las donaciones privadas ganan espacio en la ciencia de Brasil: el Instituto Serrapilheira ha repartido más de 25 millones de dólares. Estos fondos apoyan a investigadores al inicio de su carrera y podrían amortiguar futuros recortes públicos. El país tiene poca tradición de apoyo filantrópico a la ciencia.
João Moreira Salles y Branca Vianna fundaron Serrapilheira en 2017 para financiar ciencia básica. El instituto apoya a jóvenes investigadores de ciencias naturales, informática y matemáticas. Su ejemplo ha abierto camino a otros donantes, pese a las reticencias históricas en las universidades públicas hacia los aportes privados.
Para algunos científicos, estos fondos ofrecen margen para resolver imprevistos. Paulo Teixeira, de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz, recibió fondos públicos para construir una cámara de cultivo. Allí estudiaría el sistema inmunitario de las plantas, pero su propuesta no incluía el costo de conectarla a la red eléctrica. Con dinero de Serrapilheira compró un poste e hizo la conexión, lo que salvó el proyecto.
En 2023, la Universidad de São Paulo abrió un centro para estudiar e impulsar la filantropía científica. Ahora, varias entidades brasileñas dan los primeros pasos para crear una alianza de donantes, inspirada en la Science Philanthropy Alliance estadounidense. El movimiento crece tras los recortes a la ciencia durante el mandato de Jair Bolsonaro y ante las elecciones del 4 de octubre.
✅ Las donaciones pueden cubrir gastos que quedan fuera de los fondos públicos y podrían ofrecer apoyo ante nuevos recortes. Su expansión enfrenta trabas legales y un sistema fiscal que no incentiva donar.


