🔬 Un equipo liderado por Brent Christner, de la Universidad de Florida, encontró microbios vivos hasta 38 kilómetros sobre la superficie terrestre. Lo inesperado fue su identidad. No eran extremófilos exóticos, sino bacterias comunes de plantas, suelo e incluso patógenos de cultivos, capaces de resistir frío, sequedad y radiación ultravioleta.
La estratosfera combina una presión muy baja, temperaturas de hasta -60 °C y radiación que daña el ADN. Noelle Bryan, entonces estudiante de Christner, lanzó globos con colectores en Texas, Luisiana y Nuevo México. En 2013, algunos llegaron a 29 kilómetros, y un globo mayor de NASA alcanzó 38 kilómetros.
Los cálculos publicados en 2019 apuntaron a 100 000 células vivas por metro cúbico a 24 kilómetros, y casi 8 000 a 36 kilómetros. En 2025, el equipo informó que una bacteria recogida en 2013, Curtobacterium aetherium, era una nueva especie y podía enfermar plantas de frijol. También resistía radiación UV-C casi como Deinococcus radiodurans.
El artículo plantea que la atmósfera funciona como una autopista: microbios de hojas, suelos o cultivos podrían subir con tormentas, polvo, huracanes, volcanes o humo de grandes incendios, viajar durante semanas y caer en nuevos hábitats. Esa idea alimenta preguntas sobre Marte, Venus y exoplanetas, aunque C. aetherium no viviría en Marte porque necesita oxígeno.
✅ Esto importa porque amplía la biosfera hacia una zona que parecía casi incompatible con la vida y obliga a mirar el aire como vía de dispersión microbiana global. El límite es claro: son muestras difíciles, pocas especies crecieron en laboratorio y aún falta describir la comunidad completa que flota allá arriba.



