🔬 El telescopio espacial James Webb observó WD 1856 b, un gigante gaseoso del tamaño de Júpiter que orbita una enana blanca a unos 80 años luz. El sistema sugiere cómo podrían quedar los planetas exteriores del sistema solar dentro de unos 6 000 millones de años, después de la muerte del Sol.
WD 1856 b cruza la cara de su estrella muerta, WD 1856+534, en tránsitos que duran solo 8 minutos. Con esas señales, el equipo midió su masa, su temperatura y la composición de su atmósfera. El planeta completa una vuelta cada 1,4 días terrestres, en una órbita de apenas el 2 % de la órbita de la Tierra alrededor del Sol.
El resultado raro está en su calor: WD 1856 b alcanza 127 °C (260 °F), unos 240 °F más de lo esperado si solo recibiera luz de la enana blanca. Su masa, entre 4 y 11 veces la de Júpiter, permitió modelar cómo se enfrió con el tiempo. El modelo del equipo apunta a que el planeta se calentó hace entre 3 000 y 5 500 millones de años, tras sobrevivir a la fase de gigante roja de su estrella.
La explicación que encaja mejor, según los autores, es que WD 1856 b migró hacia dentro después de esa fase destructiva. La enana blanca forma parte de un sistema triple, y las estrellas compañeras externas podrían haber alterado su órbita. Al acercarse, la gravedad intensa de la enana blanca habría calentado el planeta, que desde entonces se enfría.
✅ Este sistema apunta a que la muerte estelar no siempre acaba con todos los planetas: algunos pueden seguir en órbitas nuevas alrededor del remanente. También sugiere que Júpiter podría acercarse al Sol cuando este deje atrás su fase de gigante roja. El límite clave es que el trabajo infiere esa historia con modelos y un solo sistema; la búsqueda de más planetas alrededor de enanas blancas sigue abierta.



