🔬 La madrugada del 10 de junio, la Luna y Saturno aparecerán juntos sobre el horizonte este. Pon el despertador a las 3 y mira hacia el este: verás una Luna en cuarto menguante a unos 10 grados de altura y, medio puño abajo a la derecha, un punto amarillento que no es una estrella, sino el planeta de los anillos.
A esa hora la Luna estará dos días pasada su fase de cuarto menguante, a unos 10 grados sobre el horizonte — el ancho aproximado de tu puño con el brazo estirado. Unos 5 grados más abajo, hacia la derecha, brillará Saturno con un tono blanco amarillento suave. Si árboles o edificios te tapan la vista, espera una hora: con el alba, ambos habrán duplicado su altura y se habrán corrido hacia el este-sureste.
Saturno es la joya telescópica del cielo nocturno. Sus anillos se aprecian desde unos 30 aumentos, aunque Murray Paulson, del Observer’s Handbook de la Royal Astronomical Society of Canada, apunta que se ven incluso con binoculares estabilizados de gran potencia. Esos anillos los forman miles de millones de partículas de hielo de agua, desde el tamaño de un grano de arena hasta rocas como un coche; las mayores miden entre 9 y 18 metros. Reflejan tanta luz precisamente por ese hielo.
En los próximos meses Saturno se verá mejor: cruzó de Cetus a Piscis el 3 de junio, se detendrá el 27 e iniciará 4,5 meses de movimiento retrógrado. Llegará a su oposición el 4 de octubre, cuando saldrá al atardecer.
✅ No hace falta equipo para disfrutar el encuentro: basta mirar al este antes del amanecer con el horizonte despejado. Un telescopio pequeño revela los anillos, que este año se abren poco a poco — empezaron 2026 casi de canto, a 0,9 grados, y durante junio el ángulo crece desde los 8 grados. El límite: el espectáculo depende de un cielo despejado y de tener la vista libre hacia el este, sin árboles ni edificios que estorben.



