🔬 Stephen Clark, de la Fundación Kallel, y sus colegas analizaron el ADN de Jonathan, una tortuga de 194 años que vive en Santa Elena. Encontraron 287 variantes genéticas únicas frente a dos tortugas de referencia. Estos rasgos podrían ayudar a explicar su larga vida.
El equipo obtuvo ADN de muestras del interior de su mejilla. Como estaba fragmentado, completó los huecos con el genoma de Tank, una tortuga de Aldabra de 36 años. También comparó los datos con los de la tortuga de Galápagos Lonesome George. El estudio se publicó en Science Advances.
Las 287 variantes corresponden a genes vinculados con procesos de envejecimiento. Entre ellos figuran genes que ayudan a reparar el ADN y otros ligados a los telómeros. Estos extremos protectores de los cromosomas tienden a acortarse con la edad.
El equipo también comparó marcas químicas del ADN con las de tortugas de Aldabra jóvenes y viejas. Estas marcas ayudan a regular qué genes se activan. En Jonathan, la mayoría mostraba más desorden que en las tortugas jóvenes. Pero las zonas que activan genes ligados a las mitocondrias conservaban patrones más ordenados. Los autores proponen que eso podría mantener estable la actividad de esos genes. Las mitocondrias producen la energía que las células necesitan para funcionar y repararse.
✅ Estos genes ofrecen pistas para estudiar la longevidad, pero los datos no prueban que expliquen sus 194 años. Faltan experimentos y muestras de otros tejidos. Queda por saber si el patrón se repite en otras tortugas o si Jonathan es un caso aislado.

