🔬 Martin Rey, de la Universidad de Bath, y sus colegas usaron MEGATRON para conectar galaxias observadas por James Webb con huellas químicas de estrellas antiguas. Sus resultados sugieren que la luz estelar y los cambios químicos del gas son claves para reconstruir cómo las primeras estrellas enriquecieron su entorno.
Las primeras estrellas, llamadas de población III, estaban compuestas sobre todo por hidrógeno y helio. Durante sus vidas forjaron elementos más pesados. Al morir como supernovas, dispersaron carbono, nitrógeno y oxígeno: ingredientes de nuevas estrellas, planetas y de la vida. Las huellas químicas conservadas en estrellas antiguas de la Vía Láctea permiten estudiar ese pasado.
MEGATRON siguió una galaxia joven, desde un gas inicial de hidrógeno y helio, capaz de alcanzar una masa similar a nuestra galaxia. El equipo rastreó cómo se movía el gas, cómo lo atravesaba la luz estelar y cómo cambiaban sus componentes químicos. El modelo reprodujo estructuras del gas que no aparecen en modelos más simples. Los resultados, publicados en cuatro artículos en Open Journal of Astrophysics, apuntan a que algunos modelos subestiman esos procesos.
✅ Conectar las galaxias lejanas con las estrellas antiguas cercanas podría ayudar a contrastar modelos sobre las primeras estrellas y afinar futuras predicciones. El análisis se centra en una galaxia simulada: reconstruir las propiedades de aquellas primeras estrellas sigue siendo un objetivo.



