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  Tuesday, 22 de September de 2026
Vol. VII · Edición Nº 184
Madrid · Ciudad de México
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Espacio: la NASA quiere cambiar el vidrio por acrílico

Lynda Estes dirige la disciplina de transparencias de naves tripuladas en el Johnson Space Center de la NASA. Su veredicto es incómodo: abrir un hueco en un…

3 min de lectura
September 22, 2026
Espacio: la NASA quiere cambiar el vidrio por acrílico
Image source: Space.com

🔬 Lynda Estes dirige la disciplina de transparencias de naves tripuladas en el Johnson Space Center de la NASA. Su veredicto es incómodo: abrir un hueco en un casco presurizado y taparlo con vidrio le parece «una elección muy pobre». Por eso la agencia empuja a contratistas y socios hacia el acrílico, empezando por la cápsula Orion del programa Artemis.

«El vidrio es un material frágil. Se rompe. Es lo que le gusta hacer», resume Estes, que lleva décadas integrando ventanas en transbordadores, en la Estación Espacial Internacional, en Orion y en cada nave tripulada privada del programa Commercial Crew. Dos rasgos le preocupan: los defectos diminutos rebajan la resistencia del material, y esa resistencia cae con los años. Lo llaman fatiga estática — grietas que crecen bajo carga a escala microscópica.

Hay un tercer problema, más visceral. Al romperse, el vidrio produce esquirlas. «Y el primer sitio al que quieren ir esas esquirlas es el cuerpo humano que se acaba de asomar a la ventana para ver qué ha pasado», advierte Estes. El acrílico aguanta mejor: según ella, a temperaturas de reentrada se comporta como un escudo térmico.

Mientras tanto, la Cupola europea de la ISS sigue siendo la mejor sala con vistas. La forman seis ventanas trapezoidales laterales y una circular en el techo, cada una con cuatro paneles que frenan los arañazos de la tripulación y los impactos de basura espacial. Los paneles dañados se sustituyen; cambiar la ventana entera exige «un ballet grande y elegante», con un astronauta colocando primero una tapa de presión externa durante un paseo espacial.

¿Y por qué asumir el riesgo? Porque sin ventana no hay viaje: la NASA tiene un requisito escrito de que toda nave con humanos dentro debe llevar una. En los vuelos Mercury los ingenieros no las querían; los astronautas insistieron y ganaron. Frank White, autor de «The Overview Effect» (1987), sostiene que esas ventanas son la clave del giro de conciencia que describen los viajeros al mirar la Tierra, algo que se intensificó con la Cupola. Samuel Coniglio IV lo dice más corto: «No podemos vivir en una caja».

✅ Si el acrílico se impone, las naves de Artemis y los alunizadores tripulados ganarían margen de seguridad sin perder la vista — el equipo de Estes ya redacta las guías para esas ventanas lunares. Conviene medir el alcance: el artículo recoge criterios de ingeniería y testimonios, no datos publicados de fallos ni un calendario de sustitución. Tampoco detalla cómo aguanta el acrílico los arañazos o los micrometeoritos en misiones largas.


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