🔬 La Asamblea General de la ONU respaldó por amplia mayoría la proyección Equal Earth como alternativa a Mercator en aulas y usos cotidianos. Detrás hay un problema viejo: aplanar la superficie curva de un planeta obliga a elegir qué se conserva —área, forma, distancia o dirección— y nunca se conservan todas a la vez.
«No es qué proyección sea la correcta, sino qué quieres hacer con el mapa», dijo a Space.com Jue Wang, científica de datos cartográficos en la Universidad Washington en San Luis. Mercator nació en 1569, obra de un cartógrafo que trabajaba en lo que hoy es Bélgica: allí una línea recta marca un rumbo de brújula constante. Preserva ángulos, y por eso los marineros lo usaron durante siglos.
Pero de los 8 200 millones de habitantes del planeta, casi nadie navega. Hoy se pierde en el mar mucha menos gente que la que cree que Groenlandia supera en tamaño a América del Sur. Equal Earth corrige ese espejismo: mantiene el área relativa de países y continentes, aunque sacrifica la fidelidad de los ángulos. Sus meridianos se curvan y los paralelos se juntan cerca de los polos, en vez de separarse.
Fuera de la Tierra el oficio cambia. El mapa lunar más antiguo que se conoce data de 1609, y cartografiar otros mundos se apoya en datos remotos: primero telescopios, luego naves. «Coses un edredón de imágenes y el problema es que todas las piezas están curvadas y hay que averiguar dónde encajan», explicó Corey Fortezzo, geólogo y coordinador del programa de mapas geológicos planetarios que operan el USGS y la NASA. Ningún cuerpo del sistema solar es una esfera perfecta, así que los sistemas no se traducen entre mundos, y cada uno necesita definir su propio meridiano cero. La Unión Astronómica Internacional mantiene un grupo de trabajo sobre coordenadas cartográficas desde 1979.
✅ El asunto pesa cada vez más. Apollo posó sus módulos cerca del ecuador, en la cara visible de la Luna; Artemis apunta al polo sur, y ni Mercator ni Equal Earth brillan en los polos —basta ver cómo deforman la Antártida—. El límite de fondo no desaparece con ningún diseño nuevo: todo mapa mezcla exactitud y distorsión. «A veces, igual que con las estadísticas, puedes contar una historia con un mapa», advierte Fortezzo. «Y no es por fuerza la historia verdadera».


