🔬 Cuatro cohetes orbitales chinos despegaron en un intervalo de 45 horas, entre el martes 15 y el miércoles 16 de septiembre, desde tres bases distintas. Dos de ellos son vehículos privados y las cuatro misiones cumplieron su objetivo. La secuencia deja ver hasta dónde llega hoy el sector de lanzamientos de China.
Abrió la serie el Zhuque-2E, de la empresa pekinesa LandSpace, a las 2:26 EDT del martes desde el centro de Jiuquan, en el noroeste del país. Quema metano líquido y oxígeno líquido, igual que el Starship que SpaceX aún desarrolla. Llevó 10 satélites a órbita baja para Qianfan («Mil Velas»), la megaconstelación de banda ancha que, si el plan se cumple, reunirá unos 15 000 satélites activos.
Otros nueve satélites de Qianfan subieron esa misma tarde a bordo de un Gravity-1, lanzado desde una barcaza frente a la costa de Shanghái. Ese cohete de la empresa Orienspace es el de combustible sólido más potente del mundo, aunque se lo conoce sobre todo por su silueta rechoncha. Después voló un Long March 12, de la estatal CASC, desde Wenchang, en la isla de Hainan: llevaba nueve naves para SatNet, otra megaconstelación de banda ancha prevista con unos 13 000 satélites. Cerró la tanda un Kuaizhou-11 desde Jiuquan, con dos satélites radar de observación terrestre para la compañía Spacety.
✅ Cuatro cohetes, tres bases y dos operadores privados en menos de dos días dan la medida del ritmo que China quiere sostener para poblar sus dos megaconstelaciones. El límite está en lo que no ocurrió: ninguno de los cuatro intentó recuperar su primera etapa. El país avanza en esa pieza —el Zhuque-3 de LandSpace y el Long March 10B de CASC posaron sus primeras etapas en misiones orbitales durante los últimos dos meses y medio—, pero ningún propulsor chino ha repetido todavía un vuelo orbital.



