🔬 El equipo de Sergiu Pașca, de la Universidad de Stanford, logró que tejido cerebral humano creciera en ratones sin gran parte de su corteza. En tres meses, ocupó más del 90 % de esa región. El modelo ofrece una vía para estudiar circuitos humanos y enfermedades cerebrales.
Los investigadores modificaron genes para criar ratones sin la mayor parte de la corteza ni el hipocampo vecino. Después, trasplantaron organoides humanos: pequeños grupos de tejido cerebral cultivados a partir de células madre de donantes sanos. El injerto prendió en 25 de 29 intentos. Su volumen creció casi cinco veces y aparecieron distintos tipos celulares, incluidas neuronas difíciles de obtener en una placa de laboratorio. El tejido también estableció numerosas conexiones con el sistema nervioso del ratón. El trabajo se publicó en Nature.
Para estudiar la parálisis cerebral, el equipo sometió a los animales con injertos a falta de oxígeno. Después, el tejido humano mostró signos celulares de daño y los ratones tuvieron problemas al caminar y coordinar sus extremidades. Pașca plantea que el modelo podría servir para probar futuros tratamientos. También prevé estudiar demencia frontotemporal y formas genéticas de autismo con organoides derivados de células de pacientes.
La presencia de tanto tejido humano plantea dudas éticas. Pașca consultó a un panel externo dirigido por Insoo Hyun, de la Universidad Nacional de Singapur. Para este bioeticista, importa qué permite hacer ese tejido, además de cuánto hay. En pruebas de memoria y control motor fino, los ratones con injertos quedaron entre los animales con cerebro intacto y aquellos sin corteza. No mostraron capacidades cognitivas adicionales evidentes.
✅ Este modelo podría ayudar a estudiar cómo enferman los circuitos humanos y a explorar tratamientos. Su alcance tiene límites: el tejido carecía de las capas características de una corteza madura, y los resultados proceden de ratones.
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