🔬 Un equipo de University College London reconstruyó un paisaje de los Andes sepultado por una erupción hace 22 millones de años. El estudio sugiere que allí había colinas suaves y que el terreno se elevaba despacio, lo que respalda un crecimiento gradual de la cordillera.
El volcán que enterró ese paisaje estaba en la caldera Lauca, en el actual norte de Chile. Una mezcla de rocas, gases volcánicos y ceniza cubrió el terreno y dejó una capa de roca llamada ignimbrita. Como ocurrió en Pompeya, los depósitos volcánicos conservaron pistas de lo que sepultaron: en este caso, un paisaje entero.
Byron Adams, de University College London, y sus colegas usaron la forma de esa cubierta para inferir el relieve oculto. Calcularon que el flujo volcánico tuvo una pendiente original de unos 1,5 grados. También estimaron cuánto habían erosionado los ríos el paisaje para deducir a qué ritmo ascendían las rocas.
Antes del episodio volcánico, el terreno se elevaba como máximo 260 metros por millón de años, según el estudio publicado en Science Advances. El resultado coincide con trabajos previos que usaron minerales para rastrear el ascenso de las rocas hacia la superficie. Los datos apuntan a un crecimiento lento y sostenido frente a la hipótesis de un ascenso rápido hace entre 6 y 10 millones de años.
✅ El trabajo ayuda a reconstruir cómo crecieron los Andes, y sus autores proponen aplicar el método a otras cordilleras. El límite: el paisaje enterrado se infiere, no se observa de forma directa, y los datos cubren solo parte de esa historia.



