Saltar al contenido
●  lunes, 26 de octubre de 2026
Vol. I · Edición Nº 181
Periodismo científico en español
Periodismo científico
desde 2026
Inicio / Neurociencia / Artículo

Neurociencia

Neurociencia: Los perros que destaparon el interruptor de la vigilia

Dos investigadores describieron en 1999 la función de la orexina, una sustancia del cerebro que empuja al cuerpo a despertar. Masashi Yanagisawa, de la…

3 min de lectura
11 de septiembre de 2026
Neurociencia: Los perros que destaparon el interruptor de la vigilia

🔬 Dos investigadores describieron en 1999 la función de la orexina, una sustancia del cerebro que empuja al cuerpo a despertar. Masashi Yanagisawa, de la Universidad de Tsukuba, dio con ella estudiando receptores; Emmanuel Mignot, hoy director del Centro de Narcolepsia de Stanford, llegó por los perros narcolépticos. Este año ambos recibieron el premio Albert Lasker.

La melatonina prepara el cuerpo para dormir. La orexina inclina la balanza al otro lado. La narcolepsia afecta a 1 persona de cada 3 000 y, cuenta Mignot, los neurólogos de entonces le aseguraban que jamás habían visto un caso. «Claro: los pasan todos por alto», respondía él.

La pista llegó del público. En una conferencia de la Asociación Médica Estadounidense en San Francisco, William Dement —el psiquiatra que fundó el programa de sueño de Stanford— habló de narcolepsia y alguien le dijo: «Tengo un perro con su enfermedad. Cada vez que se emociona, ¡bum!, se desploma». A ese perro ya lo habían sacrificado, pero Dement buscó otros con ayuda de veterinarios. Así nació una pequeña colonia, con la caniche Monique entre los primeros casos. En 1977 llegó una camada de dóbermans con una forma hereditaria.

Mignot entró en 1987 para estudiar cómo funcionaba el modafinilo, y pronto vio el techo: «No voy a encontrar la causa haciendo farmacología». Apostó por la genética sin ser genetista. Tardó diez años. Apenas se habían aislado un puñado de genes humanos, faltaba el mapa completo del genoma y del perro se sabía muy poco. Al final apareció el receptor de la orexina, un GPCR. Es decir: una diana para fármacos, aplicable de inmediato a personas.

El hallazgo puso la narcolepsia en el mapa. Mignot solo veía adultos mayores; después empezaron a llegar niños, con un cuadro distinto — inicio brusco y un aumento de peso enorme. Las farmacéuticas desarrollaron hipnóticos que bloquean la orexina, eficaces y, según Mignot, más seguros que las benzodiazepinas: en vez de apagar el cerebro, retiran lo que te mantiene despierto. Hay además una pista inmunitaria. Yutaka Honda ligó en 1983 la narcolepsia al HLA-DR2, y Mignot afinó el marcador hasta DQB1\*06:02 en un estudio con personas afroamericanas, uno de los primeros usos del mapeo transétnico.

✅ Los fármacos que activan la orexina acaban de aprobarse y Mignot describe pacientes transformados. Se exploran otros usos — TDAH, depresión con somnolencia excesiva, personas con narcolepsia y esquizofrenia a las que no se puede dar estimulantes —, aunque él mismo lo acota: «No lo sabes hasta que lo pruebas». Fuera de la narcolepsia, esos beneficios siguen sin probarse.

⚕️ No es consejo médico.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *