🔬 Un equipo del Albert Einstein Institute sugiere que GW231123 —la fusión de agujeros negros «prohibida» que LIGO captó el 23 de noviembre de 2023— parecía más masiva de lo que fue. Una lente gravitatoria habría distorsionado la señal. Con ese ajuste, el sistema baja de 240 a 140 masas solares.
La señal original apuntaba a un agujero negro de 140 masas solares chocando con otro de 100. Esas cifras incomodan a los teóricos: los modelos habituales de evolución estelar tienen problemas para fabricar agujeros negros tan grandes, y menos aún girando tan rápido como parecían hacerlo estos dos.
Aquí entra un efecto que Einstein predijo en 1915 con la relatividad general. Un objeto con masa curva el espacio-tiempo y tuerce lo que pasa cerca; por eso la luz de una galaxia lejana nos llega magnificada y por caminos distintos. «Igual que la luz, las ondas gravitacionales también pueden desviarse, magnificarse y dividirse en varias señales por objetos masivos», explica Miguel Zumalacárregui, del Albert Einstein Institute.
El equipo construyó un modelo matemático de ese efecto y un software rápido para analizarlo. Si la onda pasó cerca de un objeto compacto de entre 190 y 850 masas solares —o de una estructura extensa, como un cúmulo globular—, las masas altas se explican solas, según Srashti Goyal, coautora del trabajo. La lente tampoco exige giros extremos. El resultado se publicó el 25 de agosto en Astrophysical Journal Letters.
✅ Si el modelo se sostiene, no hace falta inventar una vía nueva para formar agujeros negros gigantes: bastaría con mirar la señal a través del espacio-tiempo curvo. El propio equipo marca el punto flaco: no sabe qué objeto haría de lente, y las lentes compactas de 100 a 1 000 masas solares deberían ser rarísimas. Tampoco puede afirmar aún que GW231123 sea la primera onda gravitacional con lente; confirmarlo pedirá detectores más sensibles que el LIGO actual.



