🔬 En 2013, Steve Ramirez y Xu Liu, neurocientíficos del MIT, indujeron miedo en un ratón al reactivar con luz células del hipocampo vinculadas a un recuerdo. El resultado mostró que podían construir y activar recuerdos artificiales en roedores, pero no equivale a una terapia humana.
El equipo marcó con una proteína las células activas cuando los ratones formaban un recuerdo de miedo. Luego las reactivó con pulsos de luz cuando los animales estaban a salvo. Cuatro ratones no respondieron; el quinto se quedó inmóvil. Al revisar su cerebro, vieron que la proteína había quedado en otra zona del hipocampo.
Ramirez llama «engrama» a la base física de un recuerdo, aunque aclara que sigue siendo una idea teórica: aún no se puede delimitar dónde empieza y acaba cada uno en el cerebro. Entender esos componentes podría ayudar a prever qué ocurre cuando se degradan y aparecen amnesia, deterioro cognitivo o pérdida de memoria.
✅ El trabajo abre preguntas sobre cómo usar la investigación de la memoria para el bienestar, por ejemplo ante el PTSD o la demencia, siempre con límites éticos y dentro de la medicina. El estudio se hizo en ratones y la optogenética casi no se usa en humanos; además, todavía no existe un mapa preciso de los engramas. ⚕️ No es consejo médico.



