🔬 Personas con enfermedad de Urbach-Wiethe en Sudáfrica están obligando a revisar la idea de que la amígdala es solo el «centro del miedo». Jack van Honk, Universidad de Ciudad del Cabo, estudia cómo el daño en la amígdala basolateral altera miedo, confianza y decisiones sociales.
Durante décadas, la amígdala quedó ligada al miedo por experimentos con roedores: tras asociar un tono con una descarga leve, el sonido bastaba para que se quedaran inmóviles. Pero estudios recientes la dibujan como una red de núcleos que ayuda a detectar qué nos importa para decidir.
El caso sudafricano añade una pieza rara. En Namaqualand, investigadores hallaron 34 personas con Urbach-Wiethe, un trastorno recesivo ligado a mutaciones en ECM1. En algunas, la calcificación se concentra en la amígdala basolateral. A diferencia de la famosa paciente S.M., con una amígdala casi entera calcificada y poca respuesta al miedo, este grupo mostró calma cotidiana, pero más respuestas de miedo y altas tasas de ansiedad.
Van Honk y sus colegas usaron juegos de confianza, dilemas morales y pruebas de reparto de dinero. Las mujeres con Urbach-Wiethe invirtieron mucho en extraños; en dilemas tipo tranvía rechazaron sacrificar a una persona incluso cuando morirían muchas más. En 2025, el equipo informó en PNAS que lo que daban caía más rápido con la distancia social que en controles. En otra prueba, apretaron un dinamómetro con la misma fuerza para generar dinero para desconocidos y seres queridos.
✅ Estos datos sugieren que la amígdala basolateral no solo ayuda a aprender miedo: también podría ajustar cómo pesamos beneficio propio, daño y ayuda a otros. El límite es grande: el grupo final era un puñado de mujeres, traducir las pruebas a la vida diaria es difícil y la explicación sobre su diálogo con la corteza prefrontal ventromedial sigue siendo especulativa.
Fuente: livescience.com



