🔬 El 13 de agosto de 2014, DigitalGlobe puso en órbita WorldView-3, un satélite comercial de observación terrestre capaz de distinguir rasgos de hasta 31 centímetros. Sus instrumentos podían ver la superficie a través de niebla y humo. Esa precisión abrió nuevas formas de seguir cambios ambientales desde el espacio.
Un cohete Atlas V de United Launch Alliance lo lanzó desde la Base Aérea Vandenberg, en California. WorldView-3 siguió orbitando la Tierra y podía crear mosaicos de imágenes y entregar datos con rapidez.
Un algoritmo ordenaba los datos y filtraba, procesaba y corregía el color de imágenes afectadas por la atmósfera. Sus datos ayudaron a seguir emisiones de metano de plataformas marinas de petróleo y gas, además de vigilar deforestación, agricultura e incendios forestales.
En 2015, imágenes en infrarrojo cercano de WorldView-3 también ayudaron a un equipo internacional a localizar lo que se considera un poblado vikingo perdido en Terranova. Era el segundo asentamiento vikingo hallado en Norteamérica.
✅ WorldView-3 muestra cómo las imágenes desde órbita pueden apoyar estudios sobre clima, desastres y arqueología. El propio artículo señala un límite claro: la tecnología avanzó después del satélite, aunque este fue un paso importante para observar la Tierra.



