🔬 Las solicitudes de SpaceX, Amazon y Blue Origin ante la FCC suman más de un millón de centros de datos en órbita para la próxima década. Expertos alertan que sus lanzamientos y reentradas podrían llevar contaminantes de la alta atmósfera a umbrales peligrosos, con efectos aún inciertos sobre el clima y el ozono.
Las empresas proponen llevar el procesamiento al espacio, donde la energía solar es fácil de producir y el calor puede irradiarse al vacío. Si todos los proyectos salen adelante, los lanzamientos y reentradas crecerían cien veces frente a las cifras actuales. Los satélites de datos también serían mucho más grandes que los que hoy orbitan la Tierra.
Los cohetes emiten carbono negro, que podría permanecer hasta tres años en la atmósfera. Starship usa metano y oxígeno líquido, pero su tamaño y la frecuencia prevista elevarían el total de contaminantes. Cada lanzamiento produciría unas 76 000 toneladas de CO2 equivalente. Al reentrar, satélites de hasta 7,5 toneladas podrían liberar metales; el aluminio puede formar óxido de aluminio, ligado al agotamiento del ozono.
✅ El problema no es solo cuántos satélites se lancen, sino dónde quedan sus emisiones: la alta atmósfera elimina los contaminantes mucho más despacio que cerca del suelo. El límite central es grande: los científicos aún no conocen con precisión las reacciones químicas ni los umbrales que separarían un impacto menor de uno grave. Piden más observaciones antes de desplegar un millón de satélites.



