🔬 Cuando ves un Perseida, miras el final de una historia que empezó dentro del cometa 109P/Swift-Tuttle. Ese cometa, de 26 km de ancho, viaja entre el sistema solar exterior e interior. Cerca del Sol, su hielo se convierte en gas y expulsa granos diminutos que pasan años —o miles— orbitando hasta chocar con la atmósfera terrestre.
El artículo describe a Swift-Tuttle como un “gigante” que, al calentarse, sufre estallidos de actividad. En ese hielo había un micrometeoroide “no más grande que un grano de arena”. Tras ser expulsado, siguió su propia trayectoria dentro de una gran corriente de material que cruza la órbita de la Tierra y se extiende más allá de la órbita de Plutón.
Según el texto, esas trayectorias dependen de cómo salen despedidos del núcleo del cometa, del empuje de la radiación solar y del tirón gravitatorio de los planetas. El final llega en una fracción de segundo: el fragmento entra en la “cáscara gaseosa” del planeta a 212 433 km/h, deja una estela verde brillante y la fricción atmosférica lo vaporiza.
✅ En el pico de la lluvia de meteoros de las Perseidas, esta escena se repite cientos de veces por hora, cuando la Tierra cruza la parte más densa del rastro de escombros de Swift-Tuttle. El artículo subraya un límite clave: es imposible saber cuánto tiempo pasó un meteoroide concreto vagando por el espacio antes de su encuentro con la Tierra.
⚕️ No es consejo médico.



