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Arqueología: Princesas egipcias y armas bajo debate

Un estudio en Frontiers in Environmental Archaeology sugiere que varias mujeres reales del Reino Medio egipcio pudieron entrenar con armas o practicar…

2 min de lectura
17 de julio de 2026
Arqueología: Princesas egipcias y armas bajo debate

🔬 Un estudio en Frontiers in Environmental Archaeology sugiere que varias mujeres reales del Reino Medio egipcio pudieron entrenar con armas o practicar arquería hace casi 4 000 años. El equipo vinculó marcas musculares en seis esqueletos con uso repetido del tren superior, pero expertos externos piden cautela.

Los restos proceden de excavaciones de Jacques de Morgan en la década de 1890, cerca de tumbas de los faraones Amenemhat II y Amenemhat III. Tras décadas almacenados en el Museo Egipcio de El Cairo, los huesos fueron redescubiertos en 2020 durante un proyecto de curaduría. La colección incluye al rey Hor, las princesas Ita, Khenmet, Itaweret y Noub-Hotep, además de una mujer no identificada que podría ser Sathathormeryt.

El equipo examinó entesis, los puntos donde músculos, tendones y ligamentos se unen al hueso, con rayos X y espectroscopía infrarroja. Princess Ita, muerta entre los 28 y 34 años, tenía zonas marcadas en hombro, brazo y mano derechos. Los autores las relacionan con agarre repetido y posible manejo de armas, quizá el puñal hallado en su tumba. Noub-Hotep, fallecida a inicios de sus 40, mostraba marcas fuertes en antebrazos y mano derecha; en su tumba había flechas muy bien preservadas.

Otros casos apuntan en la misma línea, según los autores: Itaweret tenía marcas robustas en hombro y pecho, Khenmet en brazos y hombros, y Hor mostraba diferencias entre ambos lados del cuerpo. El estudio propone que esos patrones encajan con tensar un arco o sujetar objetos como dagas o mazas, lo que desafía la idea de que las armas funerarias fueran solo simbólicas.

✅ El trabajo abre una pregunta concreta: algunas mujeres reales egipcias pudieron participar en tareas físicas exigentes, como caza o arquería. El límite es grande: los esqueletos están incompletos, las identidades dependen de etiquetas del siglo XIX y no hubo grupo comparativo. Expertos externos advierten que edad, tamaño corporal, genética u otros movimientos repetidos pueden producir marcas parecidas.


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