🔬 Un análisis de ADN de un esqueleto de casi 4 000 años, hallado cerca de Stonehenge, mostró que la persona conocida como «chamán de Upton Lovell» era una mujer. El equipo del Francis Crick Institute identificó cromosomas XX en restos que durante dos siglos se habían presentado como masculinos.
La tumba apareció en 1801 cerca de Upton Lovell, a unos 16 kilómetros al oeste de Stonehenge. Los restos estaban rodeados por un ajuar rico: hachas de piedra, herramientas para trabajar metal con rastros de oro, una piedra de toque para probar la pureza de metales y huesos de animales perforados que quizá adornaban una prenda ceremonial.
Esa mezcla de herramientas de alto estatus y objetos con posible valor ritual llevó a interpretar a la persona como especialista espiritual. William Cunnington, quien excavó el túmulo, escribió que por «la grandeza de los huesos» parecía un hombre corpulento. El museo mantuvo esa lectura durante generaciones, incluso con una figura masculina con barba.
El análisis buscaba rastrear ascendencia, pero los cromosomas XX sorprendieron al equipo. Para confirmarlo, probaron ADN de un diente y de un dedo del pie; ambos dieron el mismo resultado. Según el texto, no había señales de que la tumba guardara más de una persona. Otros datos apuntan a que medía unos 165 centímetros, murió cerca de los 45 años y tenía artritis en la muñeca derecha, compatible con años de trabajo repetido con herramientas de metal.
✅ El hallazgo obliga a revisar cómo se ha leído esta tumba: una mujer pudo ser metalúrgica, orfebre y figura ritual en la Edad del Bronce temprana. El límite es importante: una tumba no describe por sí sola toda una sociedad, pero sí corrige una suposición concreta que duró más de 200 años.



