🔬 En la cordillera Brooks de Alaska, sondeos por satélite, aire y tierra detectaron agua antes clara que ahora corre naranja en más de 200 cuencas. El cambio ocurrió sobre todo en los últimos 10 a 12 años y coincide con un fuerte aumento de las temperaturas del aire y el suelo.
Los científicos señalan al deshielo del permafrost como causa más probable. Al descongelarse, el suelo deja que el agua toque roca y terreno antes congelados. Ese contacto libera hierro, ácido sulfúrico y metales traza hacia los arroyos, en un proceso parecido al drenaje ácido de minas abandonadas.
El alcance creció rápido en los registros. En 2024, un equipo del National Park Service, el U.S. Geological Survey y universidades documentó 75 arroyos del norte de Alaska que pasaron de claros a naranjas. Con más búsquedas, sobre todo en imágenes satelitales de alta resolución, sumaron 200 registros más. Los datos Landsat de NASA/USGS permitieron fechar varios cambios: algunos arroyos se oxidaron cerca de 2018 y siguieron así; otros tuvieron episodios y luego volvieron a verse claros.
Un caso es el río Agashashok, en Noatak National Preserve. En 2019, Landsat mostró un salto en valores de rojizo; ese mismo año, sondeos en tierra y desde el aire hallaron un tramo naranja de varios kilómetros y vegetación ennegrecida cerca de manantiales. El equipo ahora planea estudiar una ladera donde aflora agua subterránea ácida para entender geología, agua y permafrost bajo la superficie.
✅ Estos ríos sostienen agua para beber y pesca de subsistencia, así que el cambio puede afectar a comunidades y ecosistemas acuáticos. Ya se documentó una baja de biodiversidad en algunos sitios al mismo tiempo que el agua se volvió naranja. El límite clave: los científicos aún buscan qué condiciones disparan el color, cómo cambia por estación y dónde la toxicidad coincide con zonas de desove.



