🔬 La empresa neozelandesa Zenno Astronautics probó en órbita su sistema Supertorquer, un propulsor con imanes superconductores que usa energía solar y el campo magnético terrestre para orientar un satélite. El dispositivo, del tamaño de una caja de zapatos, voló en el satélite Mira de Impulse Space.
El sistema busca que una nave no gire sin control y pueda apuntar en la dirección correcta. Según Max Arshavsky, fundador y CEO de Zenno Astronautics, varios imanes superconductores se colocan en ejes distintos. Al encenderlos, generan un campo magnético que interactúa con el de la Tierra, y así el satélite puede girar respecto al planeta.
La clave está en que los cables superconductores no tienen resistencia eléctrica y pueden conducir corrientes mayores que los cables normales. Esa corriente crea una fuerza magnética más grande. El reto es el frío: los imanes deben operar a –200 °C, aunque el satélite ronda los 20 °C porque apunta al Sol. Para lograrlo, la unidad usa capas de aislamiento y una bomba de calor que expulsa el exceso de calor al espacio.
Cada vez que el satélite necesita un empuje, las bobinas se activan con una batería cargada por paneles solares. Arshavsky lo resume así: convierte energía solar en trabajo útil y da «aceleración sin combustible». Zenno planea sistemas mayores para acoplar naves, maniobrar cerca de otros objetos y, en una visión futura, cambiar trayectorias o proteger astronautas de la radiación con campos magnéticos.
✅ Si escala, esta tecnología podría reducir la dependencia de combustible para ciertas maniobras en órbita. Pero el límite es claro: el artículo describe una prueba inicial y varias aplicaciones futuras siguen como planes o visiones de la empresa, no como capacidades ya validadas en misiones a la Luna o Marte.



