🔬 Un nuevo resultado con el Observatorio de rayos X Chandra de NASA sugiere que los brazos espirales exteriores de la Vía Láctea llegan más lejos de lo pensado. El equipo midió distancias a nubes de polvo con Chandra y XMM-Newton, y eso puede cambiar el mapa de nuestra galaxia.
El trabajo, publicado el miércoles en Astronomy & Astrophysics, usó tres estallidos de rayos gamma. Estos destellos están muy lejos, fuera de la Vía Láctea, y pueden producir «ecos de luz» cuando sus rayos X rebotan en nubes de polvo dentro de los brazos espirales.
La clave está en los anillos que dejan esos ecos. Sus diámetros permiten calcular la distancia a la Tierra: los anillos más grandes vienen de nubes de polvo más cercanas. Con esa geometría, el equipo estimó distancias a los brazos de Perseo, Exterior y Escudo-Centauro Exterior.
En la línea de uno de los estallidos, los brazos Exterior y Escudo-Centauro Exterior aparecen cerca de un 10 % más lejos de lo que se creía. El equipo también estimó que la nube de polvo del brazo más lejano mide unos 3 500 años luz de ancho, lo que sugiere que el dato refleja el grosor del brazo y no una nube aislada.
✅ Ajustar estas distancias importa porque sirven para entender la forma de la Vía Láctea y, según una coautora, podrían afectar los cálculos de su masa. El límite es claro: la técnica depende de estallidos de rayos gamma brillantes y visibles a través del plano galáctico, y los autores dicen que en 25 años solo han encontrado un puñado útil.



