🔬 Space.com describe cómo los satélites de órbita baja, en especial Starlink, han pasado de ser un espectáculo para mirar el cielo a un problema para fotografiarlo y estudiarlo. El artículo cita unas 11 000 unidades Starlink, 12 millones de usuarios y un posible salto a 40 000 en pocos años.
Durante dos décadas, los satélites Iridium producían destellos breves y muy brillantes. Esos «flares» terminaron en 2019, cuando llegaron reemplazos que ya no brillaban igual. Ese mismo mayo, SpaceX empezó a lanzar Starlink a órbita baja; al inicio, sus «trenes» de luces parecían una novedad visible tras cada lanzamiento.
La escala cambió el problema. Según el artículo, los satélites aparecen por todas partes poco después del atardecer, sobre todo en verano, cuando el Sol ya bajó del horizonte pero aún ilumina objetos sobre el observador. A medianoche, muchos pasan por la sombra profunda de la Tierra y dejan de verse.
Para astrofotógrafos, las trazas arruinan tomas de larga exposición. El texto añade que los astrónomos visuales y de radio también sufren el efecto: las mega-constelaciones pueden interferir en datos espectroscópicos y en sondeos de campo amplio, como los del Rubin Observatory.
✅ El cielo nocturno ya no es solo un fondo natural: también refleja decisiones técnicas y comerciales en órbita baja. El límite clave es que el artículo es una crónica periodística, no un estudio revisado por pares; además, la cifra de 40 000 Starlink aparece como previsión, no como hecho consumado.



