Lillian Fritz-Laylin y su equipo, de la Universidad de Massachusetts Amherst, estudiaron cómo se mueve la ameba inofensiva Naegleria gruberi. En canales estrechos avanzó casi sin retroceder. Ese comportamiento podría ayudar a explicar cómo su pariente letal, Naegleria fowleri, llega desde la nariz hasta el cerebro.
El equipo colocó las amebas en placas con fondo de vidrio y canales diminutos, y las observó al microscopio. Atravesaron pasos más pequeños que ellas mismas y rara vez abandonaron una abertura tras encontrarla. Dentro de los canales más grandes ensayados, se movieron al doble de velocidad que fuera. El equipo publicó los resultados el 10 de septiembre en Proceedings of the National Academy of Sciences.
Estas conductas podrían ayudar a las amebas a buscar bacterias entre los sedimentos de estanques. N. fowleri suele vivir en agua dulce cálida, pero en raras ocasiones entra por la nariz de un nadador. Desde allí puede alcanzar el cerebro, donde destruye y consume tejido. Estados Unidos suele registrar menos de diez infecciones al año; casi todas son mortales.
✅ El estudio aporta pistas sobre los movimientos que podrían facilitar el trayecto hacia el cerebro. El límite es clave: el equipo estudió una especie inofensiva en canales de laboratorio. Su posible vínculo con las infecciones humanas sigue siendo una hipótesis.
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