🔬 La crecida del 26 de agosto en Nepal destruyó cuatro sensores antes de que emitieran una alarma. Científicos y sobrevivientes señalan que los fallos al alertar y evacuar pudieron agravar las pérdidas humanas. El desastre abre un debate sobre cómo detectar estos peligros y conseguir que los avisos lleguen a tiempo.
Una avalancha de roca y hielo desencadenó el flujo de agua y escombros a las 8:37. En Dhunge Bazaar, el comerciante Prakash Pyakurel oyó un aviso policial hacia las 9:10; cinco minutos después llegó la crecida. Su familia sobrevivió tras refugiarse en el cuarto piso de su casa. El desastre dejó al menos 1 400 muertos y más de 5 000 desaparecidos, según el balance del 24 de septiembre.
Los sensores del río enviaban datos cada diez minutos: estaban pensados para crecidas del monzón, cuyo nivel suele subir poco a poco. El flujo los arrasó antes de que pudieran informar del aumento del agua. Las autoridades debaten instalar sensores de respaldo en acantilados y enviar avisos cuando el agua alcance un umbral, sin esperar al siguiente envío.
Los sismómetros ofrecen otra vía. Un equipo de la Universidad Tribhuvan registró señales de una crecida de 2016 con seis equipos instalados junto al río Bhotekoshi. Basanta Raj Adhikari, geólogo de esa universidad, propone usar esas señales en tiempo real para emitir alertas. Otros expertos plantean combinar sensores y colocarlos a distintas alturas, aunque los sistemas completos pueden costar desde decenas de miles hasta millones de dólares.
✅ Preparar a la comunidad también cuenta: Rajendra Dawadi, director de la escuela Tribhuvan Trishuli, ordenó evacuar tras un aviso verbal y salvó a más de 900 estudiantes. Los expertos señalan que hacen falta mensajes claros, simulacros y responsables definidos para actuar cuando llegue una alerta. El límite es doble: anticipar estas avalanchas sigue siendo difícil, y los sensores necesitan energía, redes y equipos de respaldo para funcionar.



