🔬 Un equipo de investigadores analizó la corteza prefrontal de 1 494 donantes y construyó un atlas con más de 6,3 millones de núcleos celulares. El estudio, publicado en Nature, encuentra firmas genéticas comunes a ocho trastornos cerebrales. Muestra además que alzhéimer, párkinson, demencia vascular y demencia con cuerpos de Lewy se parecen más entre sí a nivel molecular.
La cohorte, llamada PsychAD, reúne a personas sin trastornos y a donantes con alzhéimer, demencia con cuerpos de Lewy difusos, demencia vascular, párkinson, tauopatía, demencia frontotemporal, esquizofrenia y trastorno bipolar. Las edades van de 0 a 108 años, y más del 30 % de los donantes tiene ascendencia no europea. El equipo leyó qué genes estaban activos en cada núcleo celular y ordenó las células en 27 subclases.
¿Qué pesa más en cómo se comportan los genes? Sobre todo el tipo de célula, que explica el 50,5 % de la variación. Las diferencias entre personas explican un 7,5 %. Todas las enfermedades comparten alteraciones en tareas celulares básicas, como procesar el ARNm y llevar proteínas a su destino. Al descontar esas firmas comunes, las cuatro demencias citadas quedaron como las más parecidas. Y las enfermedades con más riesgo genético en común mostraron alteraciones más similares (correlación de Spearman de 0,604).
En el alzhéimer, los casos más graves pierden neuronas y ganan células inmunitarias y vasculares. El equipo confirmó en laboratorio la caída de dos tipos de neuronas y el aumento de fibroblastos vasculares llamados VLMC. Los pacientes con pérdida de peso o agitación psicomotora mostraron más neuronas excitadoras de las capas profundas de la corteza. Al seguir la progresión, la respuesta inmunitaria se asoció con resistir la demencia, mientras que la respuesta a la molécula IL-17 resultó dañina en fases tempranas.
✅ El atlas ofrece un recurso para buscar procesos compartidos entre enfermedades y señala posibles dianas terapéuticas que cruzan las fronteras entre diagnósticos. Pero tiene límites: solo estudia una región del cerebro, la corteza prefrontal dorsolateral, y trabaja con tejido post mortem. Las rutas causales que propone salen de análisis estadísticos y requieren más estudios para confirmarse.
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