🔬 Los dispositivos vestibles ganan espacio en los ensayos clínicos, aunque su uso sigue creciendo despacio. Un equipo de la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai contó 128 ensayos farmacológicos con estos dispositivos en 2024. Un reportaje de Nature explora cómo podrían facilitar estudios desde casa y qué obstáculos persisten.
En 2014, eran menos de 30, según el mismo análisis de ClinicalTrials.gov. Relojes, anillos y parches con sensores permiten recoger datos mientras los participantes siguen su rutina. Ese seguimiento continuo puede ofrecer una imagen más natural de su estado que las mediciones breves en un centro de investigación.
También podrían reducir las visitas y los gastos asociados. Un análisis de 101 ensayos de vacunas y fármacos, publicado en 2025, atribuyó a los centros el 34 % del coste total. Los posibles ahorros deben contemplar el gasto en dispositivos y en enseñar a los participantes a usarlos.
Los fallos técnicos pueden complicar los estudios. En un ensayo sobre epilepsia, una actualización inesperada del firmware hizo fallar la aplicación que registraba las crisis. El equipo tuvo que retirar los dispositivos y ofrecer asistencia técnica individual. Además, los reguladores exigen que los equipos midan con precisión, sean adecuados para los participantes y permitan evaluar un objetivo clínico concreto.
✅ Llevar parte del ensayo al hogar podría facilitar que más participantes continúen y reducir las visitas a los centros. Para ampliar su uso, aún hay que resolver problemas de fiabilidad y protección de datos. Recoger más datos, por sí solo, no garantiza que sirvan para evaluar un tratamiento.
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