🔬 Martin Elvis y Jonathan McDowell echaron cuentas en Frontiers in Space Technologies: una ciudad lunar de un millón de habitantes agotaría el agua de los polos en poco más de un siglo, incluso reciclando el 98 % y partiendo de la cifra más generosa de hielo disponible. Con los datos actuales, ese margen se encoge mucho más.
En los polos hay decenas de suelos de cráter que no ven el Sol desde hace unos 4 000 millones de años. Por debajo de 110 K, esas «fosas de oscuridad eterna» funcionan como trampas frías: allí el hielo apenas se sublima un milímetro cada mil millones de años. Desde 2013 sabemos que sigue ahí, quizá hasta mil millones de toneladas, gracias a varias misiones en órbita lunar que han ido afinando el mapa.
La energía no es el cuello de botella. Los bordes de esos cráteres reciben luz casi permanente y admitirían torres de un kilómetro cubiertas de paneles: tres gigavatios. Silicio para fabricarlos sobra en la Luna. Junto a esas cumbres iluminadas hasta cabrían centros de datos para IA.
El agua es otra historia. Sin reciclaje, la ciudad de un millón duraría unos pocos años. Con el 98 % que ya logra la ISS, poco más de un siglo. Y las mejores estimaciones de hoy rebajan el agua disponible unas 30 veces, así que hasta una ciudad pequeña se quedaría seca en torno a una década. Un poblado de mil personas, o un pueblo de 10 000, sí aguantaría varios siglos.
✅ Los planes de Jeff Bezos y Elon Musk para mudar industria pesada y «ciudades que crecen solas» a la Luna chocan con ese balance hídrico. Elvis apunta a cuatro salidas: quintuplicar la eficiencia del reciclaje, gastar menos agua con técnicas como el cultivo vertical, traerla de asteroides accesibles o encontrar más. Esta última parece la más prometedora: las prospecciones actuales solo llegan a unos pocos metros, mientras el regolito baja decenas de metros y podría esconder hielo. Ojo con el alcance: es un cálculo de viabilidad sobre cifras estimadas, no una medición del hielo que hay de verdad bajo la superficie.



