🔬 Miles de estudios sobre COVID persistente y otros síndromes posinfecciosos apuntan a dos posibles motores: alteraciones inmunes, incluidos autoanticuerpos, y restos virales. Varios equipos prueban terapias contra ambos, pero aún no hay un marcador fiable ni un tratamiento que beneficie a todas las personas.
Los síntomas de estos cuadros varían, aunque el cansancio y los problemas neurológicos son frecuentes. La revisión recoge indicios de células inmunes alteradas, inflamación de bajo grado, daño en vasos pequeños, cambios en la microbiota intestinal y afectación del sistema nervioso autónomo. Los autores plantean que estos procesos pueden entrelazarse y definir subgrupos de pacientes.
Dos líneas concentran buena parte de la atención: los autoanticuerpos y la persistencia viral. Un estudio publicado en mayo mostró que IgG de personas con COVID persistente provocó mayor sensibilidad al dolor en ratones. Otro trabajo halló que quienes tenían COVID persistente presentaban más del doble de probabilidad de conservar proteínas virales en sangre hasta 14 meses tras la infección.
También avanzan ensayos. En diez personas con EM/SFC, daratumumab mostró beneficios marcados en algunas, que duraron hasta dos años. Un estudio con 24 personas con COVID persistente evaluó dos antivirales, con o sin paxlovid: los 12 participantes que recibieron tres fármacos mejoraron más. Ya se prepara un ensayo mayor con placebo.
✅ Estas pistas podrían ayudar a diseñar tratamientos según el perfil biológico de cada persona, en vez de buscar una sola solución para todos. Pero los resultados clínicos siguen siendo iniciales: varios estudios son pequeños, algunos no tuvieron grupo placebo y todavía no se sabe qué mecanismo pesa más en cada caso.
⚕️ No es consejo médico.



