🔬 Un estudio con 25 exguías antárticos describe por qué abandonaron los cruceros que antes consideraban su trabajo soñado. Sus entrevistas relatan conflictos entre sus valores y prácticas vistas en expediciones, en un turismo que supera 100 000 visitas cada año y acarrea una elevada huella de carbono.
El equipo de Zdenka Sokolickova y Liz Cooper, de la Universidad de Groningen, entrevistó a 14 hombres y 11 mujeres. El estudio, publicado en Annals of Tourism Research, recoge «puntos de inflexión» que llevaron a dejar el sector: barcos que rompían hielo marino para desembarcar visitantes, un ballenato golpeado en el Ártico y polluelos de pingüino atrapados o aislados en placas de hielo.
Para muchos, renunciar tomó años y mezcló tristeza, rabia y alivio. Varios pasaron a empleos ambientales, como una ONG, la lucha contra incendios o puestos de sostenibilidad. Aunque algunos dudaban de que su salida cambiara el estado de la Antártida, las autoras sostienen que dejar vuelos intercontinentales frecuentes y cruceros reduce una parte importante de su huella de carbono.
✅ El trabajo incorpora una voz poco habitual en los estudios de turismo: la de quienes dejaron la industria. Pero reúne solo 25 testimonios y no mide el daño ecológico de cada viaje, así que no permite calcular cuánto afectan los cruceros al ecosistema antártico ni atribuir cada episodio a todo el sector.



