Cuatro años después de iniciar su doctorado en genética humana en McGill, un estudiante comprobó que estar ocupado no bastaba para avanzar. Tras listar 20 compromisos, redujo su foco a tres proyectos necesarios para graduarse y convirtió esa elección en una rutina semanal.
Su lista incluía informes de casos sin cerrar, una revisión prometida, colaboraciones, análisis extra, comités estudiantiles, un estudio de cohorte clínica y un proyecto de búsqueda de genes. Al darles el mismo peso, tendía a resolver lo más fácil y dejaba atrás las tareas decisivas.
Eligió revisar un informe clínico, publicar un manuscrito sobre una causa genética no conocida de enfermedad renal y completar un estudio de cohorte para un capítulo de tesis. También dejó un proyecto de búsqueda de genes que le atraía, pero que no era esencial y exigía más experimentos. Para ponerlo en pausa, habló con su supervisor y colaboradores con un plan y un calendario.
Cada lunes, antes de leer correos, definía tres metas y el siguiente paso de cada una. Después escogía una sola tarea que despejara el camino para las demás. Muchas veces consistía en no iniciar un experimento o análisis exploratorio; así reservó las mañanas para escribir manuscritos y preparar figuras.
✅ El relato propone que priorizar y renunciar a tareas puede ayudar a cerrar proyectos de doctorado. Su límite es claro: recoge la experiencia de una sola persona, con un supervisor que apoyó ese cambio, y no compara este método con otros.

