Arqueólogos en España hallaron restos de un carro de bronce de 2 400 años en Casas del Turuñuelo, en Badajoz, cerca de Portugal. El objeto, de unos 60 cm, habría servido para quemar incienso como ofrenda a los dioses y apunta a contactos con los etruscos.
El carro tenía una parte superior plana, similar a una mesa. En un lateral muestra un rostro que saca la lengua: según Guiomar Pulido González, del Instituto de Arqueología de Mérida, parece mezclar una gorgona, símbolo protector asociado con Medusa, y Aqueloo, dios fluvial de la mitología griega.
El equipo encontró dos patas y dos ruedas. Las patas parecen dos personas que sostienen la mesa, y los lados cortos muestran grifos, criaturas con cuerpo de león alado y cabeza de águila. Para Pulido, las figuras apuntan a divinidades protectoras, aunque no está claro si protegían el contenido del carro o a quienes lo miraban.
El hallazgo apareció en una capa que sugiere que fue descartado hacia finales del siglo V a. C.; su iconografía podría remontarse al siglo VI a. C. El carro fue partido de forma intencional y quedó entre restos de edificios quemados, rellenados con tierra y objetos fragmentados. La hipótesis principal es que esos sitios no cayeron por un ataque, sino que pasaron por un rito planificado de cierre antes del abandono.
✅ El carro ayuda a mirar el valle medio del Guadiana como parte de redes mediterráneas antiguas, con cerámica griega y bronces etruscos importados. El límite es clave: los investigadores aún no saben quiénes eran esas poblaciones, por qué quemaron sus edificios ni por qué desaparecieron del registro arqueológico hacia 400 a. C.



