🔬 Desde 2015, el hielo marino de la Antártida empezó a reducirse con fuerza tras décadas de estabilidad. Un estudio publicado el 8 de mayo en Science Advances atribuye el giro a vientos intensos que mezclaron el Océano Austral, subiendo agua más cálida y salada hacia la superficie, lo que inició el deshielo y aceleró la caída.
El trabajo describe tres fases entre 2013 y 2023. Primero, el hielo marino creció entre 2013 y 2015, mientras una capa cálida y salada en profundidad iba subiendo y erosionaba una “capa de agua invernal” fría que actuaba como barrera. Según el autor principal, Aditya Narayanan (Universidad de Nueva Gales del Sur y Universidad de Southampton), los vientos del oeste del hemisferio sur se intensificaron y empujaron el agua superficial hacia el norte, favoreciendo ese ascenso lento desde abajo.
En 2015 los vientos se hicieron aún más fuertes: el modelo muestra que el agua cálida y salada penetró esa barrera y, con mezcla turbulenta, alcanzó la superficie. A partir de 2018, el sistema pasó a ser auto-reforzado: con menos hielo, se reflejó menos luz solar y el océano absorbió más calor, lo que retrasó el crecimiento del hielo en cada otoño. En febrero de 2023 se registró la menor extensión desde que hay registros; en julio de 2023 faltaba un “trozo” de hielo mayor que Europa Occidental en el pico invernal. No se ha recuperado: 2024 marcó otro casi récord y 2025 e inicios de 2026 siguieron por debajo del promedio 1981–2010.
✅ El estudio sugiere que el cambio combinó el empuje de los vientos con bucles de retroalimentación (menos reflejo de luz y más mezcla vertical) que dispararon la pérdida. Aun así, los autores señalan incertidumbre: podría haber factores que contrarresten el proceso, como más precipitación sobre el Océano Austral o más aporte de agua dulce por deshielo, y no queda claro si ya se alcanzó un punto de no retorno.
Fuente: livescience.com



