🔬 Un equipo con Peter McNaughton, del King’s College de Londres, halló que las hembras de ratón preferían superficies unos 4 °C más cálidas que los machos. El estudio sugiere que la testosterona influye en esa diferencia, una pista para entender cómo sentimos el frío y el calor.
El estudio, publicado el 28 de octubre en Journal of Physiology, comparó 30 machos y 27 hembras. Una cámara registró cuánto tiempo pasaban sobre dos placas: una a 33 °C y otra con temperaturas variables. Los machos prefirieron unos 32 °C; las hembras, unos 36 °C. La temperatura interna y la de la piel no mostraron diferencias entre sexos.
Los sensores de calor y frío están en las terminaciones nerviosas de la piel. Al eliminar la proteína que detecta el calor, los machos pasaron a preferir unos 35 °C. En las hembras, eliminarla o bloquearla no tuvo un efecto significativo. Al eliminar o bloquear el sensor de frío, ambos sexos evitaron menos las placas frías.
Los machos que recibieron un fármaco que bloquea la testosterona pasaron más tiempo sobre la placa de 38 °C semanas después. Las hembras que recibieron testosterona perdieron su preferencia por el calor. En estas pruebas, dar estrógenos y progesterona a los machos, o bloquear esas hormonas en las hembras, no cambió sus preferencias.
✅ El trabajo aporta pistas sobre cómo los sensores de la piel influyen en la temperatura que preferimos. Los efectos de la testosterona fueron parciales y aún falta aclarar cómo actúa sobre esos sensores. El equipo no hizo pruebas en humanos.
⚕️ No es consejo médico.



