🔬 TOI-561 b, un planeta rocoso a unos 280 años luz, podría conservar una atmósfera pese a superar los 1 800 °C. Un equipo con Lisa Dang, de la Universidad de Waterloo, analizó 37 horas del telescopio James Webb. Los datos apuntan a nubes de silicatos que reflejan cerca del 75 % de la luz estelar.
TESS descubrió este mundo en 2020. Completa una órbita cada 11 horas y siempre muestra la misma cara a su estrella. Así, una mitad vive bajo un día perpetuo y la otra permanece en la noche.
El equipo siguió cómo cambiaban el brillo y el calor durante casi cuatro órbitas completas. El lado diurno estaba más frío de lo esperado para roca desnuda. El nocturno tampoco tenía calor suficiente para explicar esa diferencia: gran parte de la luz debía reflejarse.
Los autores atribuyen ese reflejo a nubes de dióxido de silicio y silicato de magnesio en el lado diurno. Esos compuestos pertenecen a la familia de minerales del cuarzo y la arena. El trabajo se publicó en The Astronomical Journal.
✅ Las nubes podrían ayudar a este mundo abrasador a conservar su atmósfera. Pero aún se desconoce su composición: el equipo contempla dióxido de carbono o dióxido de azufre, quizá repuesto por volcanes. Observar con Webb a longitudes de onda mayores podría ayudar a distinguir esas opciones.



