Un equipo de la Universidad Stanford cartografió la ínsula, una región cerebral profunda, con electrodos implantados en 87 personas. Los resultados, publicados en Nature, sugieren que distintas zonas participan en el dolor y las sensaciones de órganos internos. Otra zona podría influir en cómo el cerebro las interpreta.
Josef Parvizi, de la Universidad Stanford, y sus colegas realizaron los experimentos durante más de una década. Aplicaron corrientes eléctricas en distintos puntos de la ínsula y evaluaron qué sentían los participantes. Estos ya tenían electrodos por motivos médicos; implantarlos en personas sanas no habría sido ético.
Al estimular la parte posterior, los participantes sintieron dolor, calor, hormigueo o entumecimiento en zonas concretas, como un brazo o una pierna. En la parte media, los estímulos generaron náuseas, presión o sensación de plenitud en el pecho.
La zona frontal se comunica con otras áreas ligadas al pensamiento y las emociones. Ese vínculo sugiere que la ínsula también influye en cómo interpretamos lo que sentimos.
✅ El mapa ayuda a distinguir cómo esta región participa en distintas sensaciones corporales. Su alcance está limitado a 87 personas que ya tenían electrodos por motivos médicos.
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