Los magnates tecnológicos destinan miles de millones de dólares a la biomedicina mediante empresas y donaciones. Altos Labs nació en 2022 con 3 000 millones para estudiar el envejecimiento. Según Nature, estos fondos permiten apoyar proyectos arriesgados y largos, pero plantean quién fija las prioridades y a quién benefician.
La Iniciativa Chan Zuckerberg (CZI) ha gastado unos 4 000 millones de dólares en ciencia básica y otras causas. Planea destinar hasta 10 000 millones más durante la próxima década. En abril anunció 500 millones para financiar modelos de IA capaces de predecir cómo funcionan las células humanas.
El dinero privado ofrece margen para asumir riesgos y apoyar proyectos que necesitan años. El Arc Institute, en California, concede fondos con menos condiciones que las ayudas públicas habituales. Sus investigadores tienen así más libertad. Estas iniciativas conviven con inversiones en empresas que buscan beneficios, como Altos Labs.
También hay diferencias al rendir cuentas. La CZI opera como una sociedad de responsabilidad limitada, con más flexibilidad para gastar y menos exigencias de hacer públicas sus actividades. El reportaje recoge además dudas sobre si las inversiones en longevidad o tecnologías reproductivas favorecerán a quienes tienen más recursos.
✅ Estos fondos pueden sostener proyectos largos y arriesgados que las ayudas públicas tienen dificultades para abordar. El límite: cuesta evaluar el éxito de los programas filantrópicos y exigir cuentas a quienes deciden sus prioridades.
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