🔬 Carter Leffen, de Bloomberg Law, y Carter Church, de SentinelOne, usaron GPT-6 Astra para obtener lecturas de dos mensajes históricos cifrados. El modelo propuso soluciones en diez y seis horas. Los casos ilustran cómo la IA puede reducir el trabajo necesario, aunque sus respuestas requieren revisión experta.
En septiembre, Leffen, sin experiencia en criptografía, pidió al modelo que eligiera y descifrara un mensaje del sitio Crypto Cellar Research. La IA escogió uno de 82 caracteres, enviado el 10 de julio de 1941 y cifrado con Enigma. Otro mensaje de esa fecha, resuelto en 2017, podía aportar palabras compartidas como pista.
El modelo escribió código para simular una máquina Enigma y probó más de 4 000 millones de ajustes en diez horas. La lectura propuesta usaba ajustes distintos de los del mensaje ya resuelto. Según el artículo, esa diferencia poco habitual podría explicar por qué el texto llevaba tanto tiempo sin descifrarse. Leffen envió el resultado al criptógrafo Frode Weierud, responsable del sitio, para que lo comprobara.
Días después, Church entregó al modelo una imagen de otro mensaje, enviado en 1809 por un funcionario italiano a un general de Napoleón. La IA encontró una clave parcial en una web francesa y modificó posibles claves hasta obtener un texto comprensible. Tardó unas seis horas: el mensaje describía dónde estaban las tropas. Church lo envió a Satoshi Tomokiyo, responsable del sitio Cryptiana, para que lo verificara.
✅ Estos casos apuntan a que la IA puede ahorrar trabajo al transcribir símbolos, buscar pistas y probar claves. Church señala que su mensaje podía resolverse sin IA. El límite es crucial: los especialistas reciben muchas respuestas erróneas generadas con estos modelos, y una lectura convincente necesita comprobarse.



