🔬 En 1986, el cometa Halley decepcionó a muchos observadores, pero Giotto, de la ESA, lo estudió a 600 kilómetros. Sus imágenes y las de las sondas soviéticas VEGA revelaron un núcleo oscuro de 14 kilómetros de largo. Cuarenta años después, esos datos recuerdan el valor científico de una visita poco vistosa.
Halley regresa cada 76 años, pero cada visita ofrece un espectáculo distinto. El 9 de febrero de 1986 alcanzó su punto más cercano al Sol, oculto tras el resplandor solar desde la Tierra. Cuando pasó más cerca de nuestro planeta, dos meses después, su fase más brillante había quedado atrás. Estaba casi tres veces más lejos que durante su máximo acercamiento de 1910. Las luces urbanas y su posición baja en el cielo del norte dificultaron verlo.
Las sondas VEGA pasaron a unos 8 500 kilómetros del cometa; Giotto llegó mucho más cerca. Más de 2 000 imágenes mostraron un núcleo con forma de cacahuate o papa, de 14 por 8 kilómetros. Su superficie, negra como el carbón, estaba cubierta por sus propios restos. Las imágenes revelaron tres zonas activas: al recibir luz solar, el hielo pasaba a gas y arrastraba partículas de polvo. De ese núcleo oscuro salían los ingredientes de la cabeza brillante y la cola.
Halley volvió a sorprender el 12 de febrero de 1991. Dos astrónomos belgas lo fotografiaron desde el Observatorio Europeo Austral, en Chile, a 2 138 millones de kilómetros del Sol. Esperaban un punto tenue y encontraron una nube 300 veces más brillante de lo previsto. El artículo plantea varias posibles causas para ese estallido, pero ninguna resuelve el misterio.
✅ Las sondas permitieron estudiar el núcleo y sus chorros aunque el cometa ofreciera un espectáculo modesto desde tierra. Para su regreso en 2061, el artículo prevé un brillo al menos diez veces mayor que en 1986. Ese brillo es una previsión, y la causa del estallido de 1991 sigue sin conocerse.



